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MAR DE LA HOZ, UNA DE NUESTRAS SECRETARIAS

Mar es una veterana en el Montserrat y toda una institución. Quien entre a secretaría la verá siempre con una sonrisa en la cara detrás de su ordenador. Lleva 10 años trabajando en el colegio, pero su relación con el centro empezó cuando tenía cinco años y entró a estudiar. Ella ha visto la transformación que ha tenido a lo largo de todo este tiempo. 

Fuiste alumna del cole, ¿Cómo es que acabaste trabajando también en él?

Si fui alumna, empecé en parvulitos con 5 años. Comencé a trabajar aquí por esas casualidades de la vida. La tutora de mi hija, sabiendo que estaba en paro y preparándome unas oposiciones, me comentó que por qué no enviaba el currículum en la Fundación, y así lo hice. La suerte para mí fue que 15 días después, el conserje del edificio de los mayores cayó enfermo y me llamaron para hacer la sustitución, la cual se alargó 14 meses que les sirvió para conocerme y saber cómo trabajaba. Ocho meses después volví para quedarme. Hasta ahora.

Se podría decir que llevas media vida en el Montserrat. ¿En qué año empezaste a estudiar?

Comencé mi relación con la Fundación en septiembre del 1965, aunque mi hermana mayor ya estaba aquí desde tres años antes.

¿Cómo era el colegio entonces? ¿En qué ha cambiado?

El colegio de los pequeños, como decimos nosotros, no tenía nada que ver con lo que es ahora. Las aulas eran los locales comerciales de los bajos de la colonia del Hogar. En mi época estaban los niños por un lado y las niñas por otro, hasta que no llegabas al instituto estábamos separados y cada uno tenía o director o directora, además de estar adscritos a distintos institutos públicos: los chicos, al Ramiro de Maeztu y las chicas, al Beatriz Galindo. Todavía recuerdo las placas en la entrada del insti.

¿Qué empezaste haciendo en el cole de arriba?

Pues como ya he dicho en principio, y durante 14 meses, realice las tareas de conserjería y lo que conlleva el puesto. Ya cuando me incorporé, podríamos decir que la segunda vez, fue para ayudar tanto en las labores de Conserjería como en Secretaría con Valentín y Mila, y con la supervisión del director de entonces llamado Ricardo. La verdad es que me hicieron el trabajo muy fácil y el equipo que formábamos y ahora formamos es estupendo porque tratamos de ayudarnos entre nosotros, lo que se llama trabajo en equipo.

¿En qué consiste tu trabajo diario?

Ahora ya estoy ubicada en Secretaría, pero si hago falta en Conserjería, ahí estoy. Mi trabajo diario es atender las llamadas que realizan las familias y que a veces me es difícil de atender porque a la vez atiendo a los padres que vienen a Secretaría en persona. Lo siento y me gustaría que lo entendieran, no soy capaz de multiplicarme. También el correo de Secretaría lo abro e intento contestar las peticiones de las familias y dar la información adecuada. Y ya por último, soy la persona que realiza la facturación mensual de la Aportación Voluntaria al Proyecto Educativo, que es cosa mía y de los Servicios Complementarios con la información que me pasa la persona responsable de ellos.

¿Cuántas secretarias hay? ¿De qué se encarga cada una?

Desde hace 4 cursos, que se unificaron los dos centros, hay 3 secretarias que se encarga de los 1.600 alumnos que tenemos matriculados, por lo que nos encargamos de recibir a nuestros pequeños alumnos de 3 años y hacemos todo el seguimiento académico hasta los 18 años que se nos van, despistados, a pensar qué pueden hacer con sus vidas y qué carrera es la más conveniente para sus actitudes. La mayor satisfacción es verlos aparecer por la puerta años después y que se acuerden de ti con cariño.

¿El trato con todas las personas que pasan al día por secretaría se hace difícil a veces?

Lógicamente, como en todas partes, hay padres que son más cercanos y otros que marcan una barrera, pero en general el trato es bueno y procuramos usar la empatía para salir todos beneficiados de una relación que puede durar los 15 años de estancia de sus hijos en el centro.

Tendrás un montón de anécdotas de estos años en el centro…Cuéntanos alguna.

Anécdotas puede haber muchas, pero mi mala memoria no las recuerda durante mucho tiempo. Pero reencontrarme con antiguos compañeros a los que de ninguna manera yo hubiera reconocido y verles saludarme con tanto cariño. Pero, sobre todo, la del año pasado por Carnaval, cuando mi compañera Cristina me dejo una toca de monja que me planté. El caso es que yo venía de negro, toca negra con su ribete blanco y unos abuelos despistados que venían a pedir información para su nieta se resistían a entrar en Secretaría porque su hija les había dicho que el colegio era laico. Al final, la nieta entró y cuando me ven todavía nos reímos.

¿Conoces a los niños por nombre y apellido?

Pues es complicado porque son muchos, pero de los más guerreros sí que te quedas con el nombre, apellido y todo lo que sea... Arriba me era más fácil, la relación es distinta con los adolescentes, y más cuando tienes que hacer el recreo y no dejar salir a los de la ESO. Además, siempre están los que no querían ir a determinada clase y se metían en Conserjería para hacerme compañía. Lo que todavía no entiendo es cómo aguantaban las charlas de madre que les metía para que aprovecharan el tiempo y la posibilidad de estudiar.

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